A caballo entre primavera y verano, un día se duerme de corto y otro de largo. Un día te encuentras fuerte y otro aplastado; uno con la motivación a tope y otro con ganas de poco o nada.
Raros en el curro también. Poco trabajo, nuevos huecos en torno a tu sitio. Se va gente con la que te llevas bien, gente que tiene "tu perfil"... y te acojonas.
Raros en el curro también. Poco trabajo, nuevos huecos en torno a tu sitio. Se va gente con la que te llevas bien, gente que tiene "tu perfil"... y te acojonas.
Porque sí, los humanos semos asín, como el texto de no recuerdo que autor alemán, cuando empezó la persecución nazi. Cuando se cepillan al compañero de 55 tacos, piensas que han aprovechado la coartada ("crisis") para "limpiar" y rejuvenecer. Cuando se cargan a los externos, pues que hay que priorizar con los que están en nómina. Si son compañeros con poca antigüedad a los que le han ensañado la puerta, pues porque el despido es barato. Si es alguien que está desasignado, pues porque no se puede tener gente que no facture. Cuando se han cargado a alguien que está facturando, pues porque tuve un rifirafe, tiempo ha, con quien no debía y la susodicha coartada sigue valiendo.
Supongo que es un mecanismo de autodefensa, el "no me tocará a mí", buscando razones que tranquilicen. El caso es que ya van varios de mi cuerda, por edad, experiencia y perfil laboral. Cuando con mi jefa - la del curro, digo - suelto un chascarrillo caústico, o cuando interpreto la banda sonora de Psicosis tras cruzarnos en el pasillo con el jefe de RRHH (que hay que verle la cara al bicho, Jack Palance parece Gracita Morales a su lado), me lanza sutiles mensajes tranquilizadores. Lo mismo cuando directamente pregunto "¿pido las vacaciones o este año no me va a hacer falta?".

No obstante, la pasada semana - de la que me chupé tres días tumbado en casa con una mierda de virus - ya puse las barbas a remojar. O, en el argot del siglo XXI, me dí largos paseos por el Infojobs. Y hombre, haber hay algo, pero que poco tentador. Uno, que siempre anda con la fantasía de cambiar radicalmente de ocupación, al final cae en la evidencia de que lo único por lo que puede llevar perras a casa es algo que no le va nada.
En fin, al día siguiente... miraba vacaciones. Y al otro pensaba que qué pereza me da ir a Buelna y que me apetecía el Jabalíman. Y que el año que viene haría un Ironman por centroeuropa. Y yo que sé cuantas pajas mentales más.
Eso, días rarillos. Chismorreos, planes, inminentes vacaciones infantiles, cambios de rutinas...