No ha pasado, se ha volatilizado. Entre unas cosas y otras, ni me enterado de cuando ha llegado y ya se ha ido. Una primera quincena machacante en lo laboral, con una semana de Rodríguez en la que la habitual terna de opciones (tocobolo, golfeo, vogorexia) quedó aniquilada por una jartá de curro a entregar para ayer. La segunda quincena, muy al límite ya, de vacaciones. Placenteras, cortas y restauradoras para cuerpo y mente; ambas ya muy jodidas tras un verano que ha sido bastante durillo.
En lo deportivo, pues poco; que vamos a contar. Carreras cuando se ha podido, con alguna semana en blanco. En vacaciones, trotes duros y placenteros por Asturias. Acabando el último día con lo que espero que sea un simple sobrecarga en el gemelo derecho, uno de los dos que me joden.
De los bajos, pues perfecto. Como lo he estado siempre salvo en el episodio que casi me mete en un quirófano y que me ha quitado la bici durante todo el verano. No sé que hacer, supongo que pediré una segunda opinión aunque ello me lleve a escuchar esa tan simpática frase de "apoya los codos en la camilla".
He descartado prácticamente el Maratón de Zaragoza, cada vez que empiezo a sentir buenas sensaciones corriendo, a la que estiro zancada y voy algo "deprisa", me jodo. No sé si podré correr de una forma ágil alguna vez más. Toca buscar nuevos objetivos, nuevas motivaciones... pero dejaremos pasar antes un tiempo.
Este año, tiene poca pinta de ser de grandes retos. Cambios laborales, de mi doña y míos, modifican -a peor- el día a día. Si antes encontrar huecos era cosa de jugador de Tetris y condescendencia conyugal, este año va a ser cosa del Cooperfield.
Crónica Triatlon de zarautz 2026
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