Recuerdo mis veranos de chavalín, me bajaba al coche de mi padre para escuchar RNE, con Pedro Gónzalez, a ver que había pasado en el Tour. Tiempos de Hinault, Zoetemelk, Van Impe, Winnen, De Wolf, Anderson, Willems, Kuiper.
Lo escuchaba con fascinación, entonces dominaban franceses, belgas y holandeses. Los españoles no se comían un colín. Me entusiasmé el año que aparecieron Alberto Fernández y Marino Lejarreta, en el Teka, haciendo puestos en las etapas pirenáicas. Y el "no va más" de la aparición de Ángel Arroyo y Pedro Delgado, a raíz de lo que se empezaron a retransmitir las etapas en TVE. Joder, cuando la cronoescalada del Puy de Dome del 83 no daba crédito. Con Angel María de Pablos como comentarista-poeta. Joder, lo malo que era y las risas que me echaba con amiguetes imitándo su estilo engolado y cursi: "Valladolid, ojos de mujer, reflejados a la vera del Pisuerga"...
Recuerdo mis primeras vacaciones independiente, semanas de mochila por Pirineos, Asturias, Cantabria, con los amigos de toda la vida que son amigos ahora. Era ritual ver la etapa del Tour. No sin dificultades, por andar a veces por ahí perdidos o porque si estabas en un cámping era labor ardua conseguir verlo. Ingenuo era a veces pedirle inocentemente al camarero de turno que "nos-pusiera-por-favor-el-tur". Meneaba la cabeza hacia un grupo de 50 sillas ocupadas por 50 marujas con la vista fija en la telenovela de turno ("Cristal") y me decía con expresión prudente: "¿tú se lo quitarías?". Ahí, esperando poder ver la crono del Miguelón y escuchando mientras diálogos venezolanos ..."yo-te-sigo-queriendo-Graziela-Estafanía-yo-también-Ricardo-Antonio".
Joder, no sé si es pura nostalgia, que no había pinganillos, que los recorridos no los ideaba un subnormal o que llevaban más gasolina que ahora, pero... ¡coño!, el Tour era divertido. Una etapa de montaña era voluptuosamente bonita. Y si era de esas tipo Induráin+Chiapucci, poniendo patas arriba el poder establecido, orgásmica.
Lo mismito que ahora. Vaya puta mierda de Pirineos.
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En cuanto a mi acontecer deportivo, poco por no decir nada. El viernes tarde recogí mi remozada Wilier - dejo posturas caprinas por unos meses - y la estrené horas después, rompiendo la cadena nueva en la última rampa del Puerto de Navacerrada. Las sensaciones hasta ahí, las normales tras un parón de semanas y un recebo de kilos. He aplicado la táctica del avestruz: no se usa la báscula, no se usa cuentakilómetros.
Crónica Triatlon de zarautz 2026
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